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Gastronomía


Sin lugar a dudas, desde antaño, y durante mucho tiempo, los jamilenenses han tenido en el arroz con conejo caldoso el plato festivo con el que celebraban en septiembre los festejos dedicados a los patronos, Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Natividad. Para el Carnaval ha sido tradicional preparar el relleno, el cual se hace con el estómago de un cerdo que fue salado junto a los jamones, y que una vez limpio se llena con jamón y chorizo picado, pasando a formar parte de su tercer y más suculento plato, después del caldo y los garbanzos. Este mismo preparado culinario recibe el nombre de albondigón cuando el relleno no se embute en el estómago del cerdo, o mondongo, dejándose cocer como una simple albóndiga, pero de mayores dimensiones. Con ese plato se ponía fin a la época de los grandes hartazgos que había comenzado en Navidad, seguida con San Antón, con la Candelaria y San Blas, y terminaba en el Carnaval. Una vez comido el relleno, o el albondigón, se preparaba el cuerpo para las cosas más frugales que habría de deparar la Cuaresma.

Para la Semana Santa se habrá de preparar el guiso de bacalao con patatas, que en el fondo no es más que el tradicional guiso de patatas con carne, en el que ésta se ha sustituido por el más cuaresmal bacalao. Este guisado se toma el Viernes Santo y los demás días de vigilia. Para esas mismas fechas se preparan los tradicionales roscos fritos y los hornazos con huevo duro, los cuales antaño suponían el sustento de los jamilenses que iban a los pueblos cercanos a ver las procesiones de Semana Santa. También de esa época es el aceite-vinagre, también llamado machacao, que es una peculiar pipirrana de tomate triturado, pimiento, trozos de naranja, miga de pan, ajo, sal, aceite de oliva, vinagre, atún, huevos duros, y en algunas ocasiones puede llevar habas verdes. La presencia en este plato de naranjas nos hace recordar el remojón, de lejanos orígenes moriscos, los cuales se traslucen en esta pipirrana de primavera, compuesta de tan diversos ingredientes, donde no hay que olvidar los inmejorables ajos y cebollas que se producen en Jamilena para los más diversos mercados. Antiguamente, en esta tierra, a las populares y nutritivas sopas de ajo, con las que se entraba en calor los fríos días de invierno, se les llamaba pan castigao,  tal vez porque el pan sobrante acababa dando consistencia en el mismo guiso a los muy picantes ajos de la tierra.




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